La importancia de leer cuentos es que desarrolla la creatividad y habilidades del lenguaje. 

Los cuentos han sido, prácticamente en todos los pueblos y culturas, una forma privilegiada de transmitir sabiduría, tanto en lo que se refiere a su aplicación en lo cotidiano, como en lo que respecta a niveles más altos de conocimiento trascendente.

 

La túnica que se quedó a comer

Un día un hombre fue invitado a comer al palacio de unas personas muy ricas y llegó al ágape vestido con una túnica modesta. Al instante, advirtió que los anfitriones no lo saludaban y que los criados evitaban servirlo. Como vivía cerca, decidió regresar a su casa y se vistió en esta ocasión con una túnica cara. Así volvió al palacio, y entonces los anfitriones lo saludaron cortésmente y los sirvientes se inclinaron ante él con respeto. Cuando llegó el momento de la cena, el hombre se quitó la lujosa túnica y la arrojó en medio de la mesa del banquete ante la sorpresa de todos los asistentes.

––¿Por qué haces eso? ––le preguntaron los dueños de la casa.
––Ha sido la túnica y no yo la que ha recibido vuestro respeto y atenciones, así que sea ella la que se quede a comer.
Y dicho esto, el hombre abandonó aquella casa, a la que no regresó jamás.

 

Moraleja

La sociedad en la que vivimos siente un desmedido afán por las apariencias; incluso se habla de objetos de representación y de la imagen social. En realidad, estamos rodeados y somos cómplices de un verdadero culto a la hipocresía. Muchas veces la apariencia se percibe antes que lo real y por eso se privilegia; es comprensible, pero lo malo es cuando se sabe que algo es solo aparente y que esconde o disfraza lo real, y también se privilegia. Es el triunfo de la imagen, de lo que parece pero no es.

Sin embargo, la imagen ––el vestido del cuento––, puede ser respetada por los dueños ricos de la casa (también apariencias) y quedarse a la mesa, pero no puede comer, no puede participar de lo auténtico ni nutrirse de lo verdadero: de lo que llena con plenitud lo que somos. Es nuestra libertad elegir entre lo aparente o lo auténtico, aunque gracias a este sencillo cuento sabemos que lo aparente nunca nos dejará satisfechos: por mucho que
sentemos a la túnica en la mesa, jamás podrá alimentarse.