La importancia de leer cuentos reside en que desarrolla la creatividad y habilidades del lenguaje.
Los cuentos han sido, prácticamente en todos los pueblos y culturas, una forma privilegiada de transmitir sabiduría, tanto en lo que se refiere a su aplicación en lo cotidiano, como en lo que respecta a niveles más altos de conocimiento trascendente.
El erudito y el barquero
Un erudito alquiló una barca para cruzar un río caudaloso. Al recibirlo, el barquero se expresó torpemente. El erudito le preguntó:
––Usted nunca ha estudiado gramática, ¿verdad?
––No señor ––contestó el barquero––, soy analfabeto.
––Supongo que tampoco sabrá nada de historia o geografía.
––Tampoco nada de eso sé ––respondió de nuevo el barquero, avergonzado.
––Y tampoco sabrá nada de filosofía, arte o literatura ––volvió a preguntar el hombre culto con suficiencia.
––No señor, solo soy un pobre barquero ignorante––dijo aquel hombre, que se sentía humillado.
––Pues he de decirle que un hombre sin cultura es como si hubiera perdido la mitad de su vida ––sentenció el erudito.
En ese momento la barca, arrastrada por la fuerte corriente, chocó contra unas rocas y se abrió una gran vía de agua. El barquero preguntó:
––Señor, ¿sabe usted nadar?
––¡No! ––gritó el erudito, asustado.
––Pues me temo que hoy va a perder usted toda su vida.
Dicho lo cual, el barquero se lanzó al río y se alejó nadando para salvar su vida, mientras dejaba al soberbio erudito ahogándose.
Moraleja
Este cuento nos deja varias enseñanzas. Por un lado muestra la condición de la soberbia y la necesidad por parte de algunos de mostrarse superiores a los demás, y por otro lado, la importancia de tener el conocimiento adecuado en el lugar adecuado y en el tiempo adecuado. El erudito del cuento se quiso ufanar delante del pobre barquero haciéndole ver su ignorancia; en cambio, fue su propia ignorancia la que le costó la vida. Nadie sabe de todo, nadie tiene la totalidad de los conocimientos y aptitudes, siempre habrá otro que tendrá un conocimiento que nosotros no tenemos y que, tal vez, alguna vez necesitemos. Pero sobre todo, la soberbia, la arrogancia o el deseo de humillar o mostrar las carencias del otro, son conductas que muestran una bajeza moral del calibre de la del erudito del cuento. Erudito sí, pero un pobre idiota al que su estulticia le costó la vida.


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