La importancia de leer cuentos reside en que desarrolla la creatividad y habilidades del lenguaje.
Los cuentos han sido, prácticamente en todos los pueblos y culturas, una forma privilegiada de transmitir sabiduría, tanto en lo que se refiere a su aplicación en lo cotidiano, como en lo que respecta a niveles más altos de conocimiento trascendente.
El dedo mágico
Había una vez un hombre vago joven y sano que no aceptaba ningún trabajo que le ofrecían, e iba mendigando de un lado a otro, sobreviviendo como podía.
Un día se encontró con un amigo de la infancia y ambos se pusieron a recordar los viejos tiempos.
––¿A ti que tal te ha ido en la vida? ––le preguntó el amigo al mendigo.
––Ya ves, muy mal ––respondió este––. He tenido muy mala suerte, además estoy enfermo y no puedo trabajar. Nadie me ayuda ni se apiada de mi.
El amigo se compadeció y le dijo:
––Verás, te contaré un secreto. He descubierto que tengo poderes mágicos.
Y dicho esto, tocó con el dedo un ladrillo y lo convirtió en oro.
––Toma, esto es para ti, ahora no pasarás más calamidades––, dijo, entregándole el ladrillo de oro al mendigo.
––Te lo agradezco ––dijo este, meneando tristemente la cabeza––, pero la vida es tan larga, estoy tan enfermo, pueden ocurrir tantas cosas imprevistas…
El hombre tocó entonces con su dedo una gran piedra y la convirtió nuevamente en oro.
––También esto es para ti, ya nunca más tendrás problemas de dinero––, dijo el amigo satisfecho.
––Bueno–– replicó otra vez con tristeza el mendigo––, pero la vida es muy, muy larga, suceden tantas cosas, hay tantas necesidades…en fin.
––¿Pero se puede saber que más quieres?–– preguntó el amigo, ya enojado.
El mendigo respondió:
––Quiero tu dedo.
Moraleja
Dicen que hay en el ser humano dos cosas que no tienen límite: su estupidez y su codicia. El vago del cuento era tan tonto como codicioso: llegó a pensar que podía tener el dedo milagroso. Este cuento nos hace reflexionar sobre dónde ponemos el límite de lo suficiente. El cuerpo sí sabe sus límites; por ejemplo, el cerebro tiene alertas y recursos para que una persona coma hasta un límite, pero la mente condicionada no.
¿Hasta dónde una persona o grupo pueden acumular poder o dinero? ¿Cuándo es suficiente? Solamente con leer la prensa o escuchar las noticias sabemos la respuesta: no hay límite. No se trata de hacer categoría de la anécdota, pero da que pensar en estos límites cuando se leen noticias de que existen yates con grifos de oro o mansiones con catorce cuartos de baño. Si trece baños no son suficientes, ¿por qué habrían de serlo catorce? Nosotros también podemos preguntarnos: ¿hasta cuándo es suficiente contemplar y sufrir cómo hay individuos o grupos que no ponen límite a su codicia? No hagamos nosotros lo mismo.


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