La importancia de leer cuentos reside en que desarrolla la creatividad y habilidades del lenguaje. 

Los cuentos han sido, prácticamente en todos los pueblos y culturas, una forma privilegiada de transmitir sabiduría, tanto en lo que se refiere a su aplicación en lo cotidiano, como en lo que respecta a niveles más altos de conocimiento trascendente.

 

La lechuza y la tórtola

Una lechuza y una tórtola se habían hecho buenas amigas, pero un día la tórtola vio como su compañera se preparaba para marcharse, por lo que le preguntó:
––¿Te vas de viaje?
––Sí, muy lejos de aquí–– contestó apenada la lechuza.
––Pero ¿por qué? ––se extrañó la tórtola.
––Porque a la gente de este lugar no les gusta mi graznido, se ríen de mí, se burlan y me humillan––dijo la lechuza suspirando.
Después de escuchar a su amiga, la sabia tórtola se quedó pensando unos instantes. Al fin dijo:
––Si puedes cambiar tu graznido, es buena idea que te marches, aunque a decir verdad, ya no necesitarías hacerlo pues nadie se burlaría. Si por el contrario no puedes cambiarlo, ¿qué objeto tiene que te mudes? Allí donde acudas encontrarás también gente a la que no le guste tu graznido y te tratarán igual que aquí. Entonces ¿qué harás? ¿Volver a huir de nuevo?

 

Moraleja

Siempre tenemos la esperanza de que el mundo cambie a nuestro alrededor simplemente aplazando o desplazando los problemas. En realidad, confiamos en que de este modo se resuelvan solos, y en caso de conflicto siempre queda el recurso de culpar a otros. Esto se debe a que cambiar resulta difícil por dos motivos y, sobre todo, no es tarea para cobardes. El primer motivo es que en muchas ocasiones no percibimos el problema. La lechuza prefiere pensar que a los demás no les gusta su graznido, antes que admitir que lo que ocurre es que es muy desagradable y es normal que no guste. El segundo problema es que, asumiéndolo, ni por asomo se le ocurre cambiar. Antes prefiere huir y apuntarse al papel de víctima.

¿Cuántas veces hemos oído el manido “yo soy así” para justificar cualquier conducta? El problema se hace más profundo cuando ese “yo soy así” termina convirtiéndose en una sofisticada y dolorosa manera de hacerse daño a uno mismo y a los demás. En este caso siempre será bueno tener alguna buena amiga tórtola cercana.